Aspectos técnicos de las mascarillas

Mujer colocándose la mascarilla, foto elegida para representar el artículo de aspectos técnicos de las mascarillas

Fabricantes de mascarillas

Los principales fabricantes de mascarillas quirúrgicas son 3M y Kimberly-Clark. Las mascarillas N95 son fabricadas principalmente por las mismas empresas que las venden a través de una red de distribuidores en la mayoría de las regiones. Hasta donde sabemos, sólo hay un fabricante de mascarillas N95 aprobadas por el NIOSH en Quebec, AMG Medical Inc. ubicada en Montreal. Sin embargo, su planta de producción está situada en los Estados Unidos. Esta compañía tiene la certificación de la NIOSH.

Método de utilización de las mascarillas

Las mascarillas deben usarse según las recomendaciones del fabricante. También se debe instruir a los usuarios para que se las quiten de manera segura para evitar la contaminación de las manos y la cara al tocar partes contaminadas de la mascarilla.

Eficacia de las mascarillas

Cada tipo de mascarilla que se comercializa actualmente tiene una eficacia diferente contra las gotitas y los aerosoles (visita tiposdemascarillas.net/descripción de las mascariilas). La acumulación de humedad reduce su eficacia. Por lo tanto, cada tipo de mascarilla tiene un tiempo máximo de uso que depende de la capacidad de los materiales que la componen para absorber la humedad. Además, cuando se planifique el número de mascarillas necesarias para cubrir las necesidades de una pandemia de gripe, se deben tomar medidas para cambiar las mascarillas cuando se esté en contacto con personas infectadas, cuando el usuario deba quitarse la mascarilla para comer, beber, etc., y cuando no se utilice la mascarilla.

Efectividad de las mascarillas

Se han realizado pocos estudios para determinar la eficacia de las mascarillas en la reducción de la transmisión de la gripe. Todas las pruebas del efecto protector de las mascarillas provienen principalmente de estudios epidemiológicos. Dada la escasez de estudios experimentales, faltan pruebas que apoyen esta medida de protección en una situación de pandemia.

Se pueden invocar cuatro posibles efectos de las mascarillas:

  • limitar la propagación del virus por las personas infectadas
  • prevenir la contaminación oral y respiratoria de una persona susceptible;
  • disminuir la carga viral en caso de infección, lo que podría reducir la gravedad de la enfermedad;
  • Mejorar indirectamente el cumplimiento de otras medidas de protección (por ejemplo, lavarse las manos, restringir o reducir la frecuencia de los contactos interpersonales).

Unos pocos grupos evaluaron el efecto del uso de mascarillas para otros virus que pueden transmitirse (por ejemplo, el virus sincitial respiratorio (VSR), el coronavirus asociado al síndrome respiratorio agudo severo (SRAS)) mediante grandes gotas y el contacto directo. Aunque muchos de estos estudios tienen limitaciones debidas a algún sesgo, las conclusiones que se extraigan de ellos pueden ayudarnos a elaborar una lista de puntos importantes a los que hay que prestar atención para limitar la transmisión de los virus de la gripe.

Entornos de uso de la mascarilla

Usar una mascarilla es parte de las prácticas higiénicas de la medicina moderna. Los angloparlantes recuerdan estas medidas por la sigla «m3g», que significa «mascarilla, bata, guantes y gafas» (Chee Yam Cheng, 2003).

En el caso del VRS, la transmisión probablemente se produce a través de grandes partículas de aerosol o gotas en los ojos y la nariz en lugar de a través de la boca.

Con la excepción del estudio de Hall y Douglas (1981), las estrategias utilizadas para controlar esta infección que implican la protección de los ojos y la nariz se asocian con una disminución significativa de las infecciones por el VSR. De hecho, Gala y otros (1986) mostraron una disminución significativa de las infecciones nosocomiales por el VSR mediante el uso de visores que cubrían los ojos y la nariz (el 5% del personal y el 6% de los niños se infectaron en el grupo de personal que usaba protección para los ojos y la nariz frente al 34% del personal y el 43% de los niños del grupo cuyo personal no usaba protección para los ojos y la nariz).

Se hicieron observaciones similares en el estudio de Agah y otros (1987), en el que se demostró que la transmisión del VSR entre los trabajadores de la salud que utilizaban mascarillas y gafas protectoras era del 5%, en comparación con el 61% entre los que no llevaban mascarillas y gafas protectoras; este resultado es directamente proporcional al número de exposiciones. Además, el lavado de manos y el uso de bata no se asociaron con la transmisión del VSR.

Ha demostrado ser suficiente para controlar las infecciones nosocomiales por el VRS (Hall et al., 1978). En contraste con este estudio, el estudio de Goldmann (1989) y Madge y otros (1992) demostró que el uso de guantes y batas reducía significativamente la incidencia de las infecciones por el VSR en los centros de atención infantil estudiados.

En este último estudio se observó una reducción de dos tercios en el grupo de bata y guante (9,5 frente a 26%). Además, el éxito de la prevención del VSR nosocomial en el Centro Médico de Nueva Inglaterra se asoció a medidas que incluían el uso de mascarillas (Snydman et al., 1988).

El estudio de García y otros (1997) demuestra una reducción significativa de la frecuencia de las infecciones nosocomiales por el VSR mediante una estrategia de control de las infecciones, que incluye el uso de mascarillas y guantes para todas las personas que entren en contacto con pacientes de alto riesgo de infección, en particular los pacientes con trasplantes.

El brote de SARS de 2003 fue causado por una nueva cepa de coronavirus. Desde el principio de la epidemia, la transmisión por gotitas fue identificada como el principal modo de transmisión. Un estudio comparativo entre dos hospitales vietnamitas demostró que el uso de equipo de protección personal parecía desempeñar un papel en el control de la transmisión del SRAS (Le Dang Ha y otros, 2004).

De hecho, la transmisión del SRAS se produjo en el centro en el que los trabajadores no utilizaban mascarillas cuando se admitieron los primeros casos de SRAS, mientras que no se detectaron casos de transmisión del SRAS en el otro centro que utilizaba mascarillas. Chaovavanich y otros (2004) también informaron de que no se había producido ninguna transmisión, a pesar de que desde el comienzo de la crisis del SRAS se había establecido un estricto protocolo de protección personal.

Un estudio sobre las precauciones eficaces en materia de gotitas y contactos para prevenir la transmisión nosocomial del SRAS en cinco hospitales de Hong Kong demostró la función protectora de las mascarillas quirúrgicas y las mascarillas N95 (Seto y otros, 2003).

En consonancia con este estudio, Loeb y otros (2004) informaron de una reducción de casi el 80% del riesgo de transmisión del SRAS para las enfermeras de dos unidades de cuidados intensivos de un hospital de Toronto cuando la mascarilla (quirúrgica o N95) se usaba con cuidado.

Sin embargo, cuando compararon la mascarilla quirúrgica y el N95, el riesgo relativo de adquirir la enfermedad mientras se usaba la mascarilla quirúrgica era la mitad del de la mascarilla quirúrgica. Aunque este último resultado no se consideró estadísticamente significativo debido al pequeño tamaño de la muestra (43 enfermeras participaron en este estudio), los autores sugirieron que la mascarilla N95 ofrecía una mejor protección que la mascarilla quirúrgica, suponiendo que los procedimientos que generan aerosoles son más frecuentes en las unidades de cuidados intensivos.

En unos pocos estudios publicados después del brote de SRAS se postuló que, además de la transmisión por gotitas, puede haber una generación limitada de aerosoles (Scales et al., 2003; Loeb et al., 2004).

Un estudio reciente publicado por Booth y otros (2005) demostró la presencia de virus en el aire de las habitaciones de los pacientes de SRAS, lo que sugiere la generación de aerosoles. Además, sin esperar esta evidencia científica, Ontario fue más allá de las recomendaciones al instituir, ya el 28 de marzo de 2003, directrices que recomiendan el uso de precauciones en las barreras de contacto, para gotitas y aerosoles; estas precauciones se aplicaban a cualquier procedimiento o técnica (por ejemplo, la intubación) en que el riesgo de contacto con los aerosoles aumentaba en los casos de SRAS.

Además, la experiencia de Toronto puso de relieve la importancia del uso y la retirada adecuados del equipo de protección personal, en particular la mascarilla, dada la posibilidad de contaminación respiratoria tras la ruptura de la barrera.

Por otra parte, una de las razones aducidas en Columbia Británica para explicar la lucha contra el SRAS fue la rápida aplicación de las medidas de protección respiratoria adoptadas durante el triaje en el momento de la admisión de un paciente infectado cuando se presentaba en el hospital con síntomas respiratorios.

El personal de los servicios de emergencia le proporcionó entonces una mascarilla (tipo no especificado) para limitar la transmisión a otros pacientes (Patrick, 2003). La rapidez con que se aplicó esta medida puede haber desempeñado un papel fundamental en la limitación del impacto del SRAS en esta provincia.